Otra vez el final

Señores y señoras. Aquí llego de nuevo con la entrega anual del antes y el después (véanse antes despues juntostodos los junios de mi repertorio desde que la chiquitina empezó en “classe d’accueil” a los dos años y medio). Tal y como me pasa cada año, aunque este quizás todavía más, se me ha pasado el tiempo ¡volando!

La primera foto fue tomada el primer día de curso y la segunda el último (en este caso el viernes pasado, ya que hoy y mañana solo queda recoger las clases y ver pasar el día jugando).

antes despues individual

Eso sí, este año, por primer vez… ¡no veo casi la diferencia!

La chiquitina se merece sin lugar a dudas que le hagamos una ola GIGANTE:

  • cambio de colegio: superado,
  • creación de nuevo grupo de amiguitos: conseguido,
  • antiguo grupo de amiguitos: conservado,
  • aprendizajes, deberes y demás tareas académicas: matrícula de honor,
  • actitud en casa con padres y hermano: impecable

Y como no podía ser menos, al pochorocho le hacemos la ola también:

  • último curso de maternal: superado,
  • capacidad para escribir correctamente los números del 0 al 9, su nombre y la palabra “ami”: conseguido (a pesar de cierta dificultad inicial al ser zurdo y el niño varón más pequeño de la clase)
  • ganas de empezar primaria en el cole de su hermana: niveles estratosféricos,
  • novia que se queda en el antiguo colegio: despedida,
  • nueva novia que se viene al nuevo colegio también: adjudicada,
  • (normalización de esta actitud poco decorosa: lograda)
  • comportamiento en casa con padres y hermana: algo caótico pero delicioso

Ahora llegan para ellos por fin los más que merecidos días de relajo, de realizar actividades lúdicas, de despreocupación, de viajar y recargar las baterías. Desde aquí os deseo mis queridos minis unas ¡MUY FELICES VACACIONES!!!

 

¡Extra, extra! ¡En exclusiva!

extra-extraHoy vengo a informaros de que lo he dejado.

No estoy hablando del tabaco, que eso ya lo dejé hace más de diez años – sin duda de las mejores decisiones de mi vida.

Tampoco vengo a hablaros del alcohol, que ya poco uso hay de esa sustancia, limitada en el hogar (en lo que a mí se refiere) prácticamente al sábado-sabadete y otras fiestas de guardar ;-)

Y otros vicios, la verdad, pocos me quedan.

Tampoco he dejado mi trabajo (en este caso, por la simple razón de que aún no me ha tocado la lotería, jejeje)

Y ni mucho menos dejo yo a mi germano o los minis, que yo sin ellos ¡no soy nada!

No, lo que vengo a contaros en exclusiva es que ¡he dejado de informarme! Estoy en huelga de noticias. Me declaro alérgica al telediario e intolerante al periódico que nos dan en los transportes públicos. Reniego de las versiones digitales de periódicos nacionales e internacionales que solía consultar en los pocos ratos de ocio en la oficina.

Lo he dejado todo.

good-news1

para cuando este tipo de portadas???

El caso es que he llegado a la conclusión de que si pasa algo realmente importante, me voy a enterar de todas maneras. Mientras tanto me ahorro las noticias, así en general, que la verdad, me deprimen de mala manera, y es que queda demostrado que lo que más vende son las malas noticias. Vivimos bajo un bombardeo constante de noticias negativas (o ¡cotilleos inútiles!) exprimidas hasta la última gota de manera enfermiza, a menudo mal investigadas y manipuladas, ofreciéndonos todo tipo de detalles morbosos, y nos machacan de tal manera que al final la reacción más lógica es volverse inmune a las desgracias más horrendas, o paranoicos respecto a los peligros que nos acechan cada día… En esta situación, lo normal es acabar tirando la toalla (¿quién puede luchar contra tanta maldad?) y volverse conformista sobre cómo están las cosas.

Así que, os recomiendo que sigáis mi ejemplo, porque desde que lo he dejado ¡me encuentro mucho mejor de ánimo! Como más ligera, más optimista, más positiva, incluso más convencida de que todavía pasan cosas buenas en el mundo. También me está dando más energía, motivación e ideas para intentar cambiar las cosas, por poquito que sea, dentro de lo que realísticamente está en mi mano.

mahatma-gandhi

Como dijo Gandhi, “Se el cambio que quieres ver en el mundo.” Para cambiar el mundo, lo mejor es empezar con uno mismo y dando buen ejemplo de lo que te gustaría ver a tu alrededor. Y nada mejor para vivir con menos estrés y, tener buenas ideas y ganas, que no estar envenenado por tanta pseudo-información…

Con el tiempo que gano no viendo/leyendo estas noticias imaginad la de cosas que puedo hacer…

PS: En honor a la verdad, confieso que para poder realizar mi trabajo de manera profesional, sigo recibiendo y leyendo noticias relacionadas con mi sector que me llegan por email a través de subscripciones elegidas bajo una minuciosa selección.

Mamás por el mundo

paisajesLai, del blog así piensa una mama, nos ha propuesto a unas cuantas mamis expatriadas escribir y publicar todas el mismo día sobre nuestras experiencias como madres en el extranjero. Al final hemos acordado cubrir temas como lo mejor y lo peor de vivir lejos, lo mejor y lo peor de vivir en la ciudad en la que vivimos, lo que más echamos de menos, y una anécdota.

Yo me apunte enseguida porque aunque algunos de estos temas ya los he tocado de vez en cuando en el blog, está claro que el ser expatriada es una característica importante de mi vida, y ser madre en el extranjero lo acentúa todavía más.

Así que ante todo le quiero dar las gracias a Lai por su idea y ¡por haberme incluido en el proyecto!

Debería empezar recordándoos que yo llevo fuera de España ya prácticamente 19 años, de los cuales 16 los he pasado aquí en Bélgica. En fin, que mi perspectiva ya es un poco distinta puesto que digamos que ser expatriada ya no es tanto una circunstancia de mi vida, como ¡mi vida en sí!

Pero entrando en materia….

Para mí, lo mejor de vivir lejos incluye sin duda el hecho de descubrir nuevas culturas, aprender cosas nuevas, practicar idiomas y en general, un sentimiento de tener que superarte y crecer más intenso que cuando estas en tierras conocidas. Además, tener la suerte de ser originaria del país predilecto para pasar las vacaciones de todos los europeos del norte, te hace sentirte como una privilegiada sabiendo que tú tienes la suerte de poder ir tanto como quieras porque “tu hogar” sigue estando allí.

Como madre, lo mejor de estar fuera para mi es sin duda alguna el poder dar a mis minis la oportunidad de crecer en un ambiente tan multicultural y con tantos idiomas. Todavía me acuerdo del shock cuando la primera palabra que soltó la mini-mayor siendo un bebe (después por supuesto de los gagaga, mamama, papapa) fue en francés. Un claro y rotundo “ENCORE” mientras le daba la papilla. Una vez superado el susto, ya lo tengo perfectamente asumido, y de hecho me encanta verlos cambiar de idioma como si tal cosa. Incluso ahora que ya sabe leer, y teniendo en cuenta que en el cole por supuesto le han enseñado a leer en francés, ella es capaz de cogerse un cuento en español y lo lee perfectamente! En fin, que está claro que en eso ¡tienen mucha suerte!

Hablando de eso, y si ya entro en lo mejor de vivir donde vivimos, yo diría que en Bélgica el sistema educativo es bastante bueno, así que esa es otra cosa por la que estoy contenta. Además en este país hay tres idiomas oficiales (francés, holandés y alemán), así que llevan bastante bien eso de incluir diferentes idiomas en el sistema.

Pero es que encima Bélgica es un país donde hay comunidades importantes de africanos (fundamentalmente del Congo, antigua colonia), marroquíes y turcos. Bruselas y las zonas colindantes, están plagaditas de expatriados europeos que trabajan a/ante/bajo/con/contra/para/por la Unión Europea, lo que, como he dicho, crea un ambiente muy multicultural. A parte de mi preciado grupito de amigas españolas, tenemos amigos alemanes (¡por supuesto!), belgas, finlandeses, húngaros, holandeses, italianos, polacos, ingleses, malteses…. Creo que esto es una suerte increíble y que sin duda alguna me enriquece muchísimo como persona y profesional. Estoy convencida de que, habiendo vivido en este ambiente, mis minis serán de esas personas abiertas de mente y espíritu que no juzgan a los demás por su raza, color o creencias, y eso me enorgullece.

En definitiva, que vivimos en un país pequeñito pero apañado, en el que me ha sido muy fácil sentirme integrada y que además geográficamente está situado idealmente para viajar sin ningún problema ya sea de vuelta a la madre patria o a otros bonitos rincones de Europa.

¿Os he convencido? ¿Os venís todos para aquí? Pues venga, ¡avisadme!

Ah, que queréis que os cuente las cosas malas también…

Pues sí, también las hay. Por supuesto que lo peor de vivir lejos, para mí, es no poder ver más a menudo a mis padres, y que los minis no puedan disfrutar más a menudo de sus queridos abuelos. La verdad es que este es un tema que me pone un poco triste porque en estos momentos se podrían beneficiar tanto de tenernos cerca para echar una mano, para romper la rutina viendo a sus nietos… Intentamos compensarlo con muchas llamadas de teléfono, muchos emails, mucho WhatsApp, fotos, videos, etc… pero de verdad os digo que es duro.

Y lo que más echo de menos… (ceño fruncido mientras reflexiono)… es no poder compartir ciertos aspectos de mi cultura con mis minis, ese estilo de vida tan español, más alegre y dicharachero. Por supuesto, echo MUCHO de menos la comida (y esas frutas y verduras ¡tan ricas!!!! y esos productos autóctonos ¡tan increíbles!!!) También que me doy cuenta cómo voy perdiendo cierta fluidez en el idioma, a veces me cuesta un poco encontrar la palabra adecuada o me olvido de ciertas expresiones. Además, yo ahora hablo español despacito y claro, y no atropelladamente ¡como cuando vivía allí!!! Jajaja.

Y para terminar con una cosa curiosa, se me ocurre contaros que como aquí las persianas no son cosa muy corriente, al principio me costaba un montón dormir con luz. Ahora sin embargo, dormir en una habitación completamente oscura ¡me da cosa! Necesito un poquito de luz para dormir y despertarme bien.

En fin, que ya son muchos años y para mi es difícil hacer un análisis completo y objetivo porque incluso con las cosas malas, no cambiaría en nada mi decisión. Con la familia que tengo y la suerte que he tenido en todo hasta ahora, ¿cómo iba a querer cambiar nada en el recorrido que me ha traído hasta aquí?

Salir del armario

ESQUEMA INTERIORPara empezar, en este país no hay manera de saber cuándo hacer el típico cambio de armario invierno/verano. Hemos tenido primaveras de todos los colores: con nieve o altas temperaturas, todo vale. Tan pronto te sale un día espléndido de 30 grados, como que se pone a llover y te parece que estas ya en noviembre, para tener al día siguiente un día de sol pero fresquito que se terminara en tormenta… En fin…

Pero mi problema en realidad es otro. El armario de los minis. Yo no sé cómo lo hacéis vosotros, pero en mi caso, el armario de los minis se parece más a una jungla desastrosa que a un reflejo de mi cabeza bien ordenada.

Cierto es que recibimos mucha ropita de familiares (para ella) y amigos (para el), de lo cual estoy MUY agradecida. Pero lo que sucede es que poco a poco la ropa se me acumula en los armarios y al final pierdo completamente la cuenta de lo que ya está en el armario, de lo que puse más a la vista y lo que deje más por detrás, de lo que había retirado a parte porque era un poco grande o para otra época del año… y encima rara vez tengo el tiempo y la paciencia de ir sacando lo que ya les queda pequeño (¡para darlo!).

¡Un desastre!

Eso sumado a que los minis están en pleno periodo de “extensión” (vamos, que les compras una cosa un día y a la semana siguiente, magia, ¡ya les quarmarioeda pequeño!), yo no doy abasto.

Así que, mediante este blog hago pública una promesa: que de aquí al próximo lunes me meteré con los armarios de los minis hasta que salga de allí con todo ordenado y reluciente ¡como los chorros del oro!

To be continued…

Con dos huevos

dos-huevosSi los minis supieran lo mala comedora que era su mamá de pequeña, ¡me iban a cantar las cuarenta! Bueno, poco a poco se lo voy desvelando… y debe ser que el karma ese no existe, porque entre que ellos han salido buenos comedores y que son buena gente, pues no me lo tienen en cuenta cuando repito hasta la saciedad, con voz de madre sabelotodo: “si no lo pruebas, no puedes decir que no te gusta”, “me da igual, te acabas lo que hay en el plato”, “ponlo todo junto y así no notas el XXX  (léase la verdura de turno que caiga en desgracia)

En fin, que un día les conté algo que está entre la realidad y la leyenda. Vamos, que en mi memoria ocurrió exactamente así, pero que debería confirmarlo con mi madre y mi sister por si acaso mi imaginación desbordada, o mi mala memoria de mujer de mediana edad, me han jugado una mala pasada. No sería la primera vez.

Cuando yo era pequeña, entre otras muchas cosas, no me gustaban los huevos. Mi madre intentó que los comiera por todos los medios: en tortilla francesa, fritos, cocidos, al plato… No había manera… Si lo blanco no estaba bien, pero que bien, hecho, ¡buag! Pero si estaba demasiado hecho o tostado, ¡buag! Y la yema, en el huevo frito me empachaba, y en el huevo duro, ¡buag! En fin, que no había manera.

Hasta aquí todo es verdad y demostrable.

huevos_1Entonces, para que su hijita querida tomara los beneficios del huevo (¿qué beneficios? Aquí es donde empiezo a perderme con la historia… me imagino que esto iba ligado al hecho de que los huevos no eran lo único que no me gustaba y habría que suplir alguna carencia – ¡quien me ha visto y quién me ve!!), mi mamita querida decidió empezar a ponerme uno enterito y crudo en la leche con “colacao” de la mañana… que tampoco vayáis a pensar que me la bebía todas las mañanas (por cierto que la leche sola es una de las poquísimas cosas que me siguen sin gustar). Mi hermana, que al ser la mayor estaba al tanto de la jugada, me preguntaba cariñosa y animadamente (en vez de ignorarme como era más habitual, jejeje): “¿te está gustando la lechita?” y yo, que era medio lela, olisqueaba un poco la leche, la volvía a probar, y no me coscaba de nada. Hasta que un día, no se pudo aguantar más y me soltó: “pues ¡te la estas bebiendo con un huevo dentro!!!

En fin, que esa es la historia tal y como yo la recuerdo, y tal y como se la conté a los minis, que me escucharon muy atentamente.

Así que el otro día, preparando la lista de comiditas que los minis adoran para enviársela a su santa abuela (alias Ata) que va a recibirles este verano y quiere tener a mano munición para tenerlos felices cada día (esta mujer ¡vale su peso en oro!), va el pocholín y, entre deliciosos platos de pasta de todos los colores y suculentas salchichas, recetas con pollo, ensaladas de frutas y demás delicias, me suelta: “Ah mamá, ¿te acuerdas lo del huevo que Ata te ponía en la leche del desayuno cuando eras pequeña? Pues dile, que si quiere, también nos lo puede hacer a nosotros” (vamos que si Ata tiene esa manía, pues ningún problema ¿eh? Todo esto con una carita de niño bueno, entre sorprendido y angelical, y ¡un poquito cachondillo también!)

Yo a él sí que ME LO COMO, ¡con dos huevos!!self-esteem-quotes-cat-lion

Lección: lo que para ti de pequeño pudo ser una experiencia, digamos, rarita, a tus hijos les puede parecer ¡una bonita tradición a conservar y repetir de generación en generación! Sobre todo si vuestros hijos son tan imaginativos, entrañables y empáticos como el mío :-)

 

Érase una vez una mujer a un día pegada. Érase un día diminuto.

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Érase una vez una mujer a un día pegada. Érase un día diminuto.

El día solo tenía 24 horas y por más que lo intentara, a la mujer no le daba más de sí que 24 horas.

Su prioridad número uno era dormir lo suficiente, que para ella significaba unas buenas 8 horas… 8 de 24 son muchas, pero la mujer no encontraba alternativa: si no dormía lo suficiente y empezaba el día descansada, sentía que perdía el resto del día. Así que más le valía investir las ocho horas en dormir para salvar a las otras 16.

Arreglarse por la mañana era casi de relámpago y en media hora estaba lista. Trabajando pasaba 10 horas y media del día (incluyendo el transporte)

Lo cual le dejaba 5 horas para todo lo demás… y ¿qué era todo lo demás? Pues fundamentalmente ¡SUS MINIS!! Pero irlos a buscar al cole y regresar a casa suponía básicamente otra hora… También había que alimentarlos bien, así que un ratito de cocina mientras se charlaba y cenar la comidita rica, suponía otra hora y media. Si además había que bañarlos, ayudar a poner pijamas y lavar dientes, y lo más importante, leer una buena historia, se le iba fácilmente otra hora.

Le quedaban 1 hora y media. 1 hora se le iba en prepararse para dormir y leer un buen rato antes de cerrar los ojos…

Así que, esa media hora bendita que quedaba colgada, ¿a que la podría dedicar?

(lista de deseos de la mujer)

Escribir

Hacer ejercicio

Pintar

Arrumacos y amoríos charlar un ratito con su germano

Charlar por teléfono con su familia lejana

Ver a una amiga

Dar una vuelta

Meditar

Escuchar música a tope

Ver una película

(la lista era interminable)

Hasta que un día la mujer explotó y ya no pudo hacer nada. En su tumba escribieron: “Esta mujer trabajó y tenía muchos sueños”

Y colorín, colorado, este cuento se ha terminado.

PS: Todos los días escribo tres cosas por las que doy las gracias. Hoy, mi primer agradecimiento es para aquellos que me ponen pequeñas trabas durante el día porque aun sin saberlo, me están ayudando a superarme. La segunda va a mi compañera de tren, porque esas risas entre salir del trabajo y ver a los minis valen más que el oro. Y la tercera va para este blog y vosotros, porque escribir estas chorradas me desahoga inmensamente, ¡gracias!

Así limpiaba, así-así, así cocinaba, así-así…

Chic@s, ¡me siento optimista!

Por un lado, estamos en una etapa magnifica con los minis. Van creciendo, y vaya si se nota. Ya prácticamente lo pueden hacer todo ellos solos: vestirse, por supuesto (y desvestirse, que parece pero ¡no es lo mismo!), pero también bañarse (que no prepararse el baño, pero si lavar el pelo, entrar y salir, para gran satisfacción de mi pobre espalda), acicalarse (parecen monitos ocupándose el uno del otro), hacer los deberes (la mini mayor), recoger (sobre todo la mini-mayor, pero vamos mejorando), poner la tele (ejem, ejem, por lo menos ¡preguntan primero!), y hasta poner la mesa para el desayuno (y en contadas ocasiones, cuando mami y papi están muuuuuuuuuuuy vagos, desayunar solitos).

En serio, están encantadores (menos cuando se pelean, todo hay que decirlo): alegres, divertidos, y muy en sintonía con sus padres. Sé que esto cambiara un día, es ley de vida. He calculado que tengo por delante unos cinco buenos años, y ¡vaya que si los voy a aprovechar!!!

Pero lo que os quería contar es que además me han salido unos minis muy útiles y colaboradores.

Resulta que a la mini-mayor nada le puede hacer más feliz en el mundo mundial que que le des un trapito y la dejes limpiar a su gusto. La mesa de la cocina, las puertas de los muebles, el fregadero… Os lo prometo, ¡es feliz! Un empezar y un no parar. Y encima la tía ¡lo hace bien!

Y el pocholo, que desde pequeño su sitio preferido ha sido la cocina, ¡ya sabe cocinar! Que sí, que sí, que me casca los huevos (vaya, ¡qué mal suena esa frase!) como nadie, sin miedo, con mucho salero y ¡mucho savoir-faire! Hace todo lo que le pida, remover, batir, verter… y sobretodo, ir probándolo todo, que le vamos a hacer, tiene debilidad por las cosas crudas :-) Como dice el mismo “je suis gourmand!

Así que yo esto lo veo, muy-pero-que-muy bien para mi futuro de madre vaga de primera clase. El pocho cocinando, la chiqui limpiándomelo todo, y yo: ¡A DISFRUTAR!!!!

A portarse bien :-)